Ricardo Migueláñez, coordinador general del GIS
La agricultura europea se encuentra en un punto de inflexión. ¿Cómo podemos garantizar que esta transición beneficie tanto a los agricultores como al medio ambiente? La “Visión” presentada por Christophe Hansen, comisario europeo de Agricultura y Alimentación propone un sector agroalimentario atractivo, competitivo, resiliente y justo para 2040, una meta ambiciosa que busca equilibrar la productividad con la sostenibilidad y la innovación.
Hansen destaca que el sector agroalimentario debe ser capaz de operar dentro de los límites planetarios, asegurando al mismo tiempo un nivel de vida digno para los agricultores y fomentando condiciones de trabajo equitativas en las zonas rurales.
Sin embargo, el desafío es cómo materializar esta visión sin comprometer la viabilidad económica de los agricultores ni la seguridad alimentaria.
Uno de los pilares de esta estrategia es la innovación sostenible. La Comisión Europea reconoce que la investigación y el desarrollo, la I+D+i, son esenciales para la modernización del sector agroalimentario y propone situar el conocimiento y la tecnología en el centro de la economía agroalimentaria.
En este sentido, la digitalización y el uso de herramientas tecnológicas en la agricultura de precisión pueden optimizar la gestión de los recursos a emplear, reducir el impacto ambiental y mejorar, sin duda, la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.
Además, la biotecnología y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos más resistentes a condiciones climáticas extremas representan una oportunidad para garantizar la seguridad alimentaria en un contexto de cambio climático. La integración de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial y la robótica, también pueden contribuir a una producción más eficiente y sostenible.
No obstante, la transición hacia un modelo más ecológico y tecnológico plantea interrogantes. ¿Estamos preparados para asumir los costes y esfuerzos que implica este cambio? Por un lado, la necesidad de garantizar una renta justa para los agricultores sigue siendo un problema sin resolver.
La propuesta de evitar la venta de productos por debajo del coste de producción y fomentar una cadena alimentaria equitativa es un paso en la dirección correcta, pero su aplicación efectiva dependerá de una regulación firme y de mecanismos de control eficaces.
Por otro lado, el relevo generacional en el campo es un factor crítico. La falta de suficientes incentivos para los agricultores jóvenes; las barreras existentes de acceso a la tierra, así como las crecientes exigencias burocráticas dificultan la incorporación de nuevas generaciones al sector agrario.
La estrategia de renovación generacional y la creación de un Observatorio Europeo de Tierras Agrícolas, que propone Hansen en su “Visión”, son iniciativas prometedoras, pero deberán ir acompañadas de políticas que hagan del trabajo agrícola una opción viable y atractiva.
Según el informe de la Comisión Europea, solo el 12% de los agricultores en la UE tienen menos de 40 años, indicativo de la urgencia de poner en marcha medidas efectivas para atraer a los jóvenes al sector.
El cambio climático, además, añade otra capa de complejidad. La “Visión” en el horizonte de 2040 enfatiza la necesidad de un sector agroalimentario que funcione dentro de los límites planetarios, protegiendo el suelo, el agua y la biodiversidad.
La Comisión también subraya la importancia de reforzar la resiliencia del sector agrícola frente a crisis globales, estableciendo medidas como la reducción de la dependencia de los insumos críticos y la diversificación de mercados de exportación.
Si bien estas metas son loables, la transición ecológica no debe convertirse en una carga insostenible para los productores. Es crucial garantizar que las normativas medioambientales sean realistas y brinden apoyo financiero y técnico a los agricultores para que puedan adaptarse sin poner en riesgo su viabilidad económica.
En 2023, el superávit comercial agroalimentario de la UE alcanzó los 70.000 millones de euros, lo que demuestra el papel estratégico del sector en la economía europea y la necesidad de preservar su competitividad en el mercado global.
En definitiva, la “Visión sobre la Agricultura y la Alimentación” europea, presentada por la Comisión, es un modelo ambicioso que intenta equilibrar la innovación, la sostenibilidad y la justicia social. ¿Podrá Europa liderar esta transformación sin dejar atrás a sus agricultores?
Para que esta estrategia sea efectiva, debe traducirse en medidas concretas y con la financiación adecuada, que permitan a los agricultores competir en igualdad de condiciones, aprovechar las oportunidades que brinda la tecnología y garantizar que la transición hacia un modelo más ecológico sea justa y viable. El futuro del campo europeo depende de que estas políticas sean aplicadas con pragmatismo y equidad, pero también con suficiente presupuesto.